El Tribunal Supremo viene sosteniendo que el mero hecho de apertura de una cuenta corriente bancaria a nombre de dos o más personas, no determina por sí solo la existencia de una copropiedad sobre los saldos sino que habrá que atender a la propiedad originaria de los fondos.

La cuenta corriente bancaria expresa una disponibilidad de fondos a favor de los titulares contra el Banco que los retiene pero la posición de los titulares indistintos no atribuye ningún derecho de propiedad a los fondos o valores disponibles.

La cotitularidad, por la apariencia, solo da base, como mucho, para generar una presunción simple de copropiedad, pero el determinar si esa presunción se corresponde con la realidad es cuestión ajena totalmente a la relación de los titulares con el Banco.

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