Según reiterada doctrina del Tribunal Supremo, en la actualidad, la guarda y custodia compartida de los hijos no debe ser una medida excepcional sino que debe ser lo normal y deseable porque permite que sea efectivo el derecho que los hijos tienen a relacionarse con ambos progenitores y porque permite a los padres participar en igualdad de condiciones en el desarrollo y crecimiento de sus hijos.

En este sentido, lo que se pretende, según el Tribunal Supremo, es garantizar a los padres la posibilidad de seguir ejerciendo los derechos y obligaciones inherentes a la responsabilidad parental y asimismo aproximar este régimen de custodia al modelo de convivencia existente antes de la ruptura matrimonial.

Sin embargo, como ha sostenido el Tribunal Supremo en una sentencia de 3 de marzo de 2016, a pesar de ello, este régimen no siempre se podrá establecer. Para ello, es obligación de los padres concretar la forma y contenido de su ejercicio a través de un plan contradictorio ajustado a las necesidades y disponibilidad de las partes que integre los distintos criterios y las ventajas que va a tener para los hijos la custodia compartida.

Y para ello, entre dichos criterios, se valorarán aspectos tales como la práctica anterior de los progenitores en sus relaciones con los hijos; sus aptitudes personales; los deseos manifestados por los menores (cuando tengan edad suficiente); el número de hijos; el cumplimiento por parte de los progenitores de sus deberes en relación con los hijos; el respeto mutuo en sus relaciones personales, etc.

 

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